Con en el falaz argumento de que hay que aumentar la producción para así “combatir el hambre del mundo”, las empresas agroindustriales no hacen más que incrementar sus propios ingresos. Pero el problema del hambre no es cuestión de falta de alimentos: el problema del hambre es, y ha sido siempre, una cuestión de injusticia social, que se agrava aún más si unas pocas empresas detentan el control de algo tan elemental, como nuestra comida diaria.
Fuente: http://www.biodiversidadla.org
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